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Lo leí en un libro

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-" Cuanto menos astuto te consideren los demás, más cosas revelarán en tu presencia."
-Leyendas de los Otori (El suelo del ruiseñor)- Lian Hearn
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viernes, 20 de enero de 2012

chocolate caliente para el alma de los adolescentes

A continuación otra de las historias de la colección Chocolate. Que la disfruten

clic en la imagen para ampliar o anti clic, nueva pestaña.








viernes, 13 de enero de 2012

Ángeles Pintados

Otro relato que no te puedes perder, esta vez de la mano de Juana de Ibarbourou y su delicioso Ángeles Pintados que forma parte de su libro Chico Carlo el cual contiene sus recuerdos infantiles. Que lo disfruten

Extra:
Juana de Ibarbourou es la poetisa más notable de Uruguay quien mereció los títulos de "Juana de América" y "Mujer de las Américas de 1953"


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jueves, 10 de noviembre de 2011

chocolate caliente para el alma de los adolescentes



Cambios en la vida




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lunes, 10 de octubre de 2011

chocolate caliente para el alma de los adolescentes

hoy es un buen día para otro chocolate caliente, y esta vez acompañada de esta historia:

Mi primer beso, y algo más


Yo era una adolescente muy tímida y también lo era mi primer novio. Cursábamos el bachillerato en una ciudad pequeña y llevábamos seis meses de novios. El noviazgo consistía sobre todo en tener las manos húmedas de tanto tomárnoslas, realmente ver películas de vez en vez de besuquearnos, y hablar boberías. En muchas ocasiones estuvimos a punto de besarnos- ambos teníamos unas ganas tremendas de hacerlo- pero ninguno tenía el valor de tomar iniciativa.
Por fin él decidió lanzarse al ruedo un buen día, mientras estábamos sentados en el sofá de la sala de mi casa. Cuando decidió arrimarse estábamos hablando del calor que hacia (¡en serio!). Como me tapé la cara con un cojín para bloquear el avance, ¡él termino besando un pedazo de tela floreada!
Yo deseaba mucho ser besada, pero estaba demasiado nerviosa para dejar que él se acercara. De modo que me corrí hacia el otro extremo del sofá y él siguió mi ejemplo. Luego nos pusimos a hablar de la película y él hizo su segunda intentona. Lo volví a bloquear.
Llegue al final del sofá. Él también. Volvimos a entablar conversación. Cuando hizo su tercera intentona… me levante. Parecía tener resortes en las piernas.
Me fui al portón de entrada, me recosté contra la pared, cruce los brazos y le dije con impaciencia: “bueno, ¿al fin me vas a besar, o no?”.
“¡claro!”, contesto. Así que me pare derechita, cerré los ojos, fruncí los labios, y levante el rostro. Esperé… y me quede esperando (¿por qué no me besaba?) abrí los ojos; y en ese momento se me venía encima. Sonreí.
¡ME BESÓ LOS DIENTES!
Pude haberme muerto.
Él se fue.
Muchas veces me pregunte si él les había contado a sus amigos acerca de nuestro infortunado encuentro romántico. Como yo era extremada y dolorosamente tímida, termine escondiéndome durante los siguientes dos años, lo que dio por resultado que no volviera a salir con ningún muchacho durante el resto del bachillerato. De hecho, si llegaba a verlo a él o a cualquier otro chico buen mozo mientras caminaba por los pasillos del colegio, me escondía en el primer salón que encontraba, hasta que hubiera pasado. ¡Y eso que los conocía a todos desde el jardín infantil!
En mi primer año de universidad decidí dejar de lado la timidez de una vez por todas. Deseaba aprender a besar con desenvolvimiento y donaire. Lo logré.
En la primavera regrese a casa. Decidí concurrir al café bar que estaba de moda, y al entrar me encontré ni más ni menos que con mi antiguo amigo del beso en los dientes, sentado en una de las butacas del bar. Me acerque a él y le di una palmadita en el hombro. Sin remilgo alguno, lo tome entre mis brazos, lo recosté sobre el espaldar de la butaca y le di un apasionado beso. Enderece la butaca y lo mire victoriosamente a los ojos, diciéndole al mismo tiempo: “¿Y qué opinas de eso?”.
Él se limito a señalar a la mujer que estaba a su lado:”Juana María, te presento a mi esposa”, dijo.
Mary Jane West-Delgado

martes, 26 de julio de 2011

Chocolate caliente para el alma de los adolescentes

De Jack Canfield, Mark Victor Hansen, Kimberly Kirberger.

El frío se esta sintiendo más en esta época del año, y voy más abrigada que de costumbre y a la vez en ratos libres darle una ojeadita a uno que otro libro y por estos días acompañada de "chocolates calientes para el alma de los adolescentes",toda una coleccion de relatos sobre diferentes perspectivas para enfrentar la vida, existen relatos sobre el amor, amistad, el autorespeto, muerte, suicidio, entre otros que se presentan de forma facil de leer y entretenida.
Cada que puedo releeo una que otra historia de este libro, que a veces me roba una sonrisa o una lágrima dependiendo de la historia que leea. hoy por ejemplo lei "Un inolvidable amor de bachillerato", a decir verdad fue el primer titulo que vi al abrir el libro. Si alguien quiere saber de que se trata, aqui lo dejo:

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UN INOLVIDABLE AMOR DE BACHILLERATO
 
 
Cuando Mateo atravesaba los jardines del colegio, la mayoría de los estudiantes no podían sino observarlo.
Era alto y delgado; el retrato viviente James Dean, aunque más delgado. Llevaba el cabello peinado hacia atrás y sobre la frente. Cuando se enfrascaba en conversaciones intelectuales, sus cejas se arqueaban sobre los ojos. Era cariñoso, considerado y profundo. Jamás hería los sentimientos ajenos. Yo le tenía miedo. Me encontraba a punto de terminar con mi novio, quien era poco inteligente y el típico ejemplar con el cual uno se pelea y se vuelve a arreglar unas treinta veces por puro masoquismo, cuando Mateo se atravesó por mi camino, mientras caminaba por los del colegio. Se ofreció a llevarme los libros y me hizo reír nerviosamente una docena de veces. Me cayó muy bien; me cayó muy bien.
Su genial capacidad intelectual me asustaba. Pero al final entendí que estaba más asustada de mí misma que de Mateo.
Comenzamos a pasear juntos con mayor frecuencia. Lo miraba se soslayo desde mi casillero atiborrado, y con mi corazón palpitando aceleradamente me preguntaba si algún día me besaría. Llevábamos varias semanas viéndonos y todavía no había intentado besarme. En cambio, me tomaba de la mano, me abrazaba y me mandaba a clase con uno de sus libros. Al abrirlo encontraba un estilizado escrito, que me hablaba de amor y de pasión en términos que sobrepasaban la capacidad de entendimiento de mis  diecisiete años.
Me enviaba libros, tarjetas y notas; se sentaba junto a mí en mi casa, mientras escuchábamos música durante horas. Su canción predilecta era Me has traído algo de felicidad en medio de mis lágrimas, cantada por Steve Wonder.
Un día, recibí en mi trabajo una nota que decía: “Te extraño cuando estoy triste. Te extraño en mi soledad.
Pero Sobre todo, te extraño cuando estoy feliz”. Recuerdo que recorrí la calle principal de nuestro pueblo, mientras los vehículos pitaban y las cálidas luces de los almacenes le hacían guiño a los transeúntes para que entraran a guarecerse del frío, con un solo pensamiento revoloteando en mi cabeza: Mate me extraña, sobre todo cuando está feliz ¡Qué tipo tan extraño!
Me sentí terriblemente incómoda con un muchacho tan romántico junto a mí. En realidad era un hombre de diecisiete años que meditaba con sabiduría casa una de sus palabras, que escuchaba los puntos de vista de cada participante en un argumento, que leía poesía hasta bien entrada la noche y sopesaba cuidadosamente sus decisiones. Yo presentía que una profunda tristeza embargaba su alma, más no  comprendía su alcance. Hoy pienso que su tristeza se debía a que su personalidad no encajaba dentro del esquema académico de nuestro colegio.
Mi relación con Mateo era totalmente diferente de la que tuve con mi novio anterior. Aquélla sólo había consistido en charlar sobre boberías y ver películas mientras comíamos crispetas de maíz. Es relación terminó por el mutuo deseo de iniciar otros noviazgos. A veces parecía como si la vida del colegio  giraba alrededor del drama de nuestros continuos rompimientos, siempre muy intensos, y que servían para divertir a nuestras amistades. En resumen, una telenovela inacabable.
Cuando le comentaba estas cosas a Mateo, él se limitaba a pasar su brazo sobre mi hombro mientras me aseguraba a que esperaría que ordenara mis pensamientos.
Acto seguido se dedicaba algún libro. Me regaló un ejemplar El Principito, que traía la siguiente frase subrayada: “ Sólo se ve bien con el corazón”.
Yo le respondía de la única forma que sabía: escribiéndole cartas y poesías de amor con una intensidad que jamás había sentido. Sin embargo, me parapetaba tras mis murallas para mantenerlo alejado, por siempre temía que descubriera que yo era una impostora, que no era tan inteligente ni profunda como yo lo percibía a él.
Yo añoraba retornar a los viejos hábitos de las charlas intranscendentes, el cine y las crispetas. Así todo era mucho más fácil. Recuerdo bien el día, mientras nos congelábamos, cuando le dije a Mateo que nuevamente entablar relaciones con mi novio anterior. “ Él me necesita más que tú”, le dije con mi  vocecita de niña consentida. “ Es difícil deshacerse de los viejos hábitos”.
Se quedó mirándome con tristeza, más por mí que por el mismo. Mateo sabía, y así lo entendí yo también, que cometía un gran error.
Los años pasaron. Mateo emprendió camino a la Universidad antes que yo. Cuando regresaba a casa para las Navidades, me ponía en contacto con él e iba de visita a su casa.
Siempre le tuve un cariño a su familia. Me recibían con una calurosa y cariñosa bienvenida, y por eso de que Mateo había perdonado el error que cometí.
En una de esas ocasiones, Mateo me dijo: “ Eres una magnífica escritora. Siempre has escrito bien”.
“Estoy de acuerdo” dijo su madre, “escribías bellamente. Espero que nunca dejes de hacerlo”.
“Pero ¿qué sabe usted de mis escritos?”, le pregunté. “Pues mira, Mateo siempre lo compartía conmigo” dijo. “Él y yo jamás dejamos de maravillarnos de la belleza de tus escritos”.
Pude observar que su padre también asentía con la cabeza. Me recosté en el respaldar de mi asiento y me sonrojé intensamente. ¿Qué había yo escrito en esas cartas?.
Hasta entonces jamás me había enterado de que Mateo admiraba mis escritos tanto como yo admiraba su inteligencia.
Con el pasar de los años perdimos contacto, la última noticia que escuché de él, por la boca de su padre, era que se había marchado a San Francisco con la intención de volverse cocinero. Yo entablé docenas de malas relaciones hasta que finalmente con un hombre maravilloso. A la sazón ya tenía la suficiente madurez como para manejar la inteligencia de mi marido, especialmente cuando me hacía  caer en cuenta de que yo tenía la propia.
Mateo es el único novio que recuerdo con nostalgia. Ante todo espero que sea feliz. Se lo merece. En muchos aspectos, fue el artífice de mi formación. Me ayudó a aceptar una faceta de mi personalidad que  yo rehusaba ver entre los chismes, el cine y las crispetas. Me enseñó a percatarme de mi espíritu y de la escritora que tenía adentro.
 
Diana L. Chapman



viernes, 18 de febrero de 2011

Santiago Eximeno- Umbría

(Relato de Historias asombrosas 2)
Te imaginas estar en medio de tu peor pesadilla, donde todos tus temores te acechan, la soledad, el olvido son solo muestra de ello, Santiago Eximeno nos trae UMBRIA...
Umbria es el lugar que los niños ven en sus terrores nocturnos. Es el lugar al que los locos acuden cuando los celadores cierran las puertas del manicomio. Umbría es origen y destino, y está presente en el recuerdo de todos aquellos que alguna vez han ocultado sus miedos.

Pero Umbría también es el hogar de seres que acechan, de criaturas que anhelan sin esperanza y de niños arrebatados de los brazos de sus padres.

Umbría ofrece una visión caleidoscópica de un universo de pesadilla, un mundo que se confunde con el nuestro y que permite a Santiago Eximeno mostrarnos el horror explícito de la soledad, la pérdida y la desesperanza.
conoce más sobre el autor en: http://www.eximeno.com/
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